jueves, 15 de octubre de 2015

Leyendas, mitos y creencias...

"África no es un país..."
Ryszard Kapucinsky.

Cuando empecé a planificar el viaje a Etiopía desconocía mucho de este país, sabía que estaba en paz desde hace mucho tiempo y que no se vivían las hambrunas que se vivieron tiempos atrás.  Empecé a leer e indagar y en cada línea y cada párrafo que leía iba descubriendo una Historia fascinante de un país multicultural. Supe de la existencia de una población de judíos etíopes, judíos negros.

Cuenta la leyenda que la Reina de Saba marchó a visitar al Rey Salomón a las tierras de Israel. La Reina de gran belleza cayó bajo el influjo del Rey judío y en su vuelta a Etiopía tuvo un hijo fruto del amor fugaz. Nace así la ancestral presencia del judaísmo en este lugar de África. Leí más y supe que hace dos décadas Israel preparó dos operaciones para sacar, en tiempos de guerra, a los Bete Israel (casa de Israel) de Etiopía y llevarlos a la tierra prometida. La primera de aquellas operaciones llevadas a cabo en secreto por el Mosad resultó fallida y de escaso resultado, sin embargo la segunda (Operación Salomón) consiguió sacar en una sola noche a quince mil judíos etíopes de suelo sudanés.

Seguí leyendo y supe que muchos judíos no han podido migrar a su tierra de fe porque Israel ha vetado el flujo migratorio poniendo pegas a su traslado. Ahora hay cupos, arbitrarios como todos los cupos. Quise ir más allá y poder conocer en el lugar la historia de estas personas, los Bete Israel. Esta mañana he podido conocerlos, visitar su sinagoga y charlar con algunos de ellos, sobre sus sueños en Israel, sobre sus familias divididas en dos países durante años, su frustración ante la burocracia que les impide cumplir esos sueños. Conocí a Felek, a su familia, sus hijos y tomé café en su humilde casa. Nada del mundo compensa momentos así.

Una mañana cargada de emoción. Una cerveza en un buen hotel donde hasta el wifi iba rápido y esperar la llamada desde Tenerife de @vivalaradio para entrar en directo desde este remoto lugar. Un ratito de conversación con Marlene Meneses y Salvador Aznar para volver a la vida de viajero.

Por la tarde, nos recoge nuestro guía para dirigirnos a visitar templos cristianos ortodoxos. Esa otra paradoja de Etiopía. El primero de los templos es una iglesia del siglo XVII. Debre Birhan Selassie. Un templo de piedra sencillo, rectángular, con una sala vistosa y profusamente decorada con pinturas que representan pasajes bíblicos. Las pinturas cubren todas las paredes y las vigas del techo, convirtiendo la iglesia en un centro artístico a la vez que religioso. Las mujeres y los hombres entran por puertas distintas, aunque dentro no hay separaciones. Dicen que esto simboliza la llegada de hombres y mujeres al cielo. Ellas entran por el este, los hombres por el sur y los ángeles por el oeste.

Cuenta la leyenda que en una invasión de musulmanes de Sudán los castillos, palacios e iglesias de Gondar fueron arrasados. No así esta iglesia que fue defendida por una horda de ángeles que expulsaron a los asaltantes y la protegieron de ser pasto de la llamas. Alrededor de la iglesia las casas en piedra también de los monjes y curas, los seminaristas que estudian para ser ordenados y las tumbas de aquellos que ya no están.

A Debre Myriam no hubo ángeles que la protegieran y fue arrasada por el fuego y con ella el palacio contiguo de la reina. La iglesia es del siglo XX, la típica construcción en redondo con techo cónico de chapa. No llama al misticismo. Si lo hace el cántico de un joven que sentado en una de sus puertas entona melodías religiosas de esas cadentes y embaucadoras incluso para los ateos. Más allá de los muros de piedras se alcanzan los restos derruidos del palacio de la reina, solo la piedra y algunas tablas se mantienen en pie. Al fondo el paisaje verde y frondoso por el que comienzan a colarse los últimos rayos de sol.

Salimos camino a Wolleka. Hace mucho tiempo, el Rey habría ordenado la separación de las creencias por zonas de Gondar. Curioso pero a los judíos les tocó el extrarradio, los expulsaron a kilómetros de la ciudad. Allí produjeron una próspera industria textil y alfarera. Llegaron a vivir en la aldea unas doce mil personas. Hoy no queda ningún judío. Sin embargo se siguen leyendo carteles que animan al visitante a conocer la "Falasha Village" y es que pobladores cristianos ocuparon el lugar y han mantenido la tradición manufacturera judía. Caminando por un estrecho camino y cruzando un espeso maizal se alcanza la sinagoga. Un tempo de barro, hexagonal con techumbre cónica, una estrella de david en lo alto y una más a cada lado de la puerta.

El guardián de la sinagoga nos sienta por fuera de su casa, otra sencilla construcción de barro y palos de eucalipto. En el paisaje corretean niños pequeños, una mujer muele el grano percutiendo una y otra vez el mortero, una ternera juega por el patio intermedio y una vaca intenta comerse la ropa tendida. Nos invitan a cerveza casera y a trigo tostado. Ya es de noche, junto al tuc tuc nos espera una prole de chiquillos que me despiden al grito coral de "mister, mister,"

Hoy he aprendido, he crecido, hoy soy mejor que lo que era ayer...

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