martes, 27 de octubre de 2015
Entre mercados...
El plan era no estar más de un día en Mekele, sin embargo el primero se perdió en el transporte desde Adigrat y ayer en cargarnos de agujetas caminando y escalando para ver Abune Yemata. Meterme en una guagua con las piernas como las tenía anoche no es buen plan. Tampoco nos dio tiempo a planear la salida. La explanada de guaguas se haya en las afueras y al volver tan tarde de Gherala no hubo tiempo de consultar las guaguas.
El momento del desayuno es el tiempo del breefing para planear como atacar el día, consulta de la guía, lugares a visitar y demás. Mekele tiene como atractivo el palacio de Johannes, hoy museo y que está cerrado por reformas durante meses. Si eran pocos atractivos. Buscamos la forma de salir, la opción de las guaguas locales y las furgonetas nos da mucha pereza, así que buscamos la opción de las guaguas grandes. Dos compañías que operan en parte del país pero que no cubren todos los trayectos. Selam bus no va directo a Lalibela, nuestro siguiente destino pero si lo hace a una población próxima de la que podremos tomar un transbordo en modo local.
Tenemos todo un día para gastar en Mekele, de forma que nos vamos al mercado en busca de gente y ambiente. Los mercados, como ya conté, no tienen mucho de exótico ni de colorido pero es el que hay. El sol aprieta de lo lindo y la luz es excesivamente fuerte para mi gusto. El mercado se desarrolla en torno a la mezquita, cuyo minarete destaca desde distancia. Es viernes y hora de la oración. La voz del almuecín retumba desde los altavoces colocados en lo alto del minarete. Los fieles se encaminan a paso ligero al templo. Cuando alcanzamos la mezquita esta está abarrotada de fieles de forma que más de cien se sitúan en plena calle, frente a la puerta entre tuc tucs y vendedores, a rezar. Se tiene el tráfico, los fieles rezan, los no musulmanes observan.
Se retiran los orantes, se recogen las alfombras y se recupera la normalidad del mercado. Muchos puestos ya cierran. Es el momento de más calor del día. Hay que buscar una sombra y volvemos al hotel a descansar un rato. Un almuerzo tonificante y al mercado otra vez, quiero experimentar el cambio de luz a ver qué tal se da. La luz en este país no es que sea un derroche, no suele haber luz pública en la calle, así que jugamos con las luces de cada puesto y los vehículos. Un primer recorrido para tirar algunas fotos con la tarde aún latente. Un café y vuelta al tajo ya con el sol desaparecido.
La noche se precipita apresuradamente. Las esquinas se llenan de personas que esperan su turno para tomar un transporte. Hileras de furgonetas azules y blancas se van apostando y cargando gente y bultos hasta que no cabe un alma. El tránsito es ligero, cargan y siguen en constante ajetreo. En los vértices de las manzanas se disponen las vendedoras de frutas, naranjas, plátanos y guayabos suele ser su catálogo de productos. Algunos puestos son en el mismo suelo y otros en carretillas lo que permite mayor movilidad. Las tiendas se iluminan. Nadie repara en mi presencia (de noche somos todos pardos) y puedo trabajar con tranquilidad.
Me gusta mucho ese juego de luces y sombras que se producen en la noche, la vida tiene una tonalidad distinta, los colores se realzan y las sombras enmarcan los sujetos. Como pez en el agua, camino y dejo fluir mi vista en busca de uno u otro detalle. Cada uno sigue su prisa, intentan vender los productos antes de la retirada del público, otros se encaminan a sus lugares de residencia, los dependientes atienden a destajo en sus pequeñas tiendas bajo el techo ondulado de los edificios de mercado...y yo saco fotos.
A medida que el mercado va quedando desierto y huérfano de luz vamos caminando hacia nuestro hotel, apurando los últimos disparos. Antes una parada para adquirir unas provisiones para el camino de mañana. Toca madrugar, casi no dormir, para seguir bajando al sur.
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