domingo, 18 de octubre de 2015

Cuando lo que prima es el ingenio...



4:30 de la mañana, suena el despertador. Es hora de dejar Gondar. Henok nuestro guía estos días tiene la deferencia,nada común por estos lares, de acompañarnos a la estación. Si, si las estaciones de tren de India me parecían un caos es porque no había vivido las de guaguas de Etiopía. Son una explanada de tierra, a medio alisar, polvorientas cuando está seco y un barrizal con dos gotas de agua. En esta se amontonan guaguas y minibuses sin orden ni sentido. Son privadas, no existe transporte público. No hay donde comprar los billetes, sino que se negocia con los vendedores. Así desde que asoma un blanco a la puerta del terraplén mil tipos se lanzan vociferando los destinos: "Axum, Gondar, Lalibela, Shire...."

5:30 y se abre la puerta de hierro herrumbroso que accede a la "estación" y una montonera de personas con cajas, bolsas y todo lo que se puede cargar se dispersan en dirección a la guagua que le corresponde. Nosotros nos hemos adelantado comprando el billete con un día de antelación para evitar todo el caos...todo lo que es posible. La 3329 es la nuestra, en el lateral una leyenda advierte: "second level" Otras ponen "first level" pero no distingo las diferencias.

La guagua tiene tres asientos a un lado dos en la otra hilera, asientos de hierros soldados con un fisco de espuma y un tapizado de vinilo ideal para el sudor del culo. El respaldo no solo no se abate sino que recto a 90°. Ideal si te quedan 10 horas de viaje y en minuto 1 te duelen los riñones, se te clavan las rodillas en el asiento de adelante y llevas el culo cuadrado. Es digno de resaltar la decoración del vehículo, las fotos de santos proliferan por todo el parabrisas. Los conductores etíopes no precisan de tanto vidrio como nosotros al conducir, así que lo acortan a una medida normal con todo lo que encuentran. Son muy fan de las alfombras peludas que pueden ir sobre el salpicadero o pegadas al techo y son requeté fans de los flecos esos que cuelgan de las colchas con los que decoran todo cuanto pueden e incluso hacen dibujos, como cruces en el techo. Cuando la guagua comienza a andar y alcanza la velocidad punta de 40 kms por hora todos esos pelos, colchas, flecos y demás objetos colgantes inician un movimiento que si lo miras mucho rato creo que puede producir ataques de epilepsia.

Podría ahora relatar un buen rato el paisaje que se observaba por las ventanas durante el interminable trayecto pero me dolía tanto todo que intentaba dormir lo más posible para ver si en estado de inconsciencia el tiempo pasaba más rápido. No, no pasa más rápido pero se hace más llevadero aunque tampoco se consiga dormir mucho rato. Recuerdo vagamente una pista de montaña, retorcida como cuerpo de culebra que a cada curva dejaba a la vista un fantástico precipicio....otro motivo para cerrar los ojos.

La guagua no llega a  Axum de un tirón sino que hay que tomar otro enlace desde Shire. Al final del trayecto se sube un pibe que  engancha a los farengi que van a Axum para que lo hagan en el minibus en que tiene comisión. Le pregunto el precio, piensa, masculla...25birr. Ahí va incluida la "farengi tax". Apenas son 60 kms hasta Axum a través de un inmenso prado de verdores que nos trae hasta la antigua capital del Imperio.

Es de noche casi, estamos molidos, agotados. Ni ganas de salir del hotel.

Tampoco hay ganas de madrugar, las 9:00 es buena hora para desayunar y planificar el día. En el Hotel África hay un tipo con una oficina que organiza excursiones. Le preguntamos con el susto que da aquí preguntar precios. 75$ por enseñarnos las ruinas y antigüedades de Axum que están a 10 minutos caminando. No existe en este país conocimiento del valor del dinero. Vamos caminando, tras un rule por todos los bancos en busca el ATM Que funcionara hoy.

Axum es un sitio de gran valor arqueológico que engarza con la historia y las leyendas más antiguas de este país. Lugar de entrada del cristianismo desde la vecina Arabia y centro político de un Imperio que en tiempos de Roma abarcaba Etiopía, parte de Sudán y hasta lo que hoy es Yemen. Su comercio de artículos suntuosos llegaba a Roma y su poder competía con Imperios poderosos de Oriente. La incursión del Islam bloqueó la salida al mar del Imperio de Axum provocando su declive y el fin de la acuñación de moneda.

Esa historia ha legado espacios de valor arqueológico y cultural, casi todos concentrados alrededor del mismo centro. Un campo de estelas donde se erigen varios obeliscos de diverso tamaño, incluso uno expoliado por los fascistas italianos en la gran guerra y devuelto en los años 80. Se ve desde la calle, sin necesidad de pagar la entrada. Intentamos entrar en el complejo de Santa María de Zion y nos piden la soberana barbaridad de 8€ por persona. Ese precio lo imagino establecido para los blanquitos que van en náuticos, levi's y camisa de botones y que no cogen más polvo que el que va desde que sacan el culo del Land Cruiser hasta que lo vuelven a montar en él. Esos turistas que hacen política de tierra quemada elevando los precios al viajero que va detrás. Eso pasa cuando no se paga la cosas por lo que valen o lo que piden. Así los 200birr que piden hoy serán 300 mañana.

Subimos a los baños de la Reina de Saba, una pileta  excavada en piedra horriblemente restaurada. Sin embargo será lo mejor del día. Por un lado está la montaña primigenia donde los chiquillos se arremolinan en la orilla del agua marrón. Unos lavan la ropa y la dejan secar en la roca, otros llenan garrafas de agua que portan hasta sus hogares. Muy pocos se aventuran a cruzar de la montaña al muro. Al otro lado hay otra pileta más chica que sirve de abrevadero a un burro negro antes de cargar las garrafas que llena su dueño. El muro tiene el nivel a ras de la pista que nos conduce hasta allí, como una orilla de playa. Unos pibes están en la montaña y otros en la orilla. Chapotean de un lado al otro, con más empeño que estilo. No saben nadar pero tienen el ingenio que da la vida cuando es dura. Cuatro botellas de plástico de 1800cc atadas a un cordel servirán de flotadores. El nadador se coloca sobre el cordón dejando dos botellas a cada lado del cuerpo y con eso pelean contra el agua desde la montaña a la orilla.

Vinimos buscando historia y nos vamos con el ingenio y argucias de cuatro chiquillos del norte de Etiopía...

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