martes, 27 de octubre de 2015

Fuera del mundo.

En el mundo en que vivimos podemos viajar por el mundo sin salir de casa y recorrer el mundo como si estuviéramos en casa. La tecnología nos ha dotado de herramientas que facilitan estar en contacto con todo y con todos desde cualquier lugar del mundo. Hace apenas, 10 años en mis primeros viajes en moto por España y Marruecos, el querer subir mi cuaderno de bitácora de cada etapa hacía preciosa la previa localización de un cyber café donde poder escribirla y darle luz. Aquellos primeros tiempos del pleistoceno de la tecnología en internet. Hoy casi no existen estos locales y las redes de wifi han extendido su dominio en casi todo el mundo. En casi todo, salvo en Lalibela.

Desde nuestra llegada el sábado por la tarde este pueblo rodeado de montañas ha vivido desconectado del siglo XXi. Las redes de wifi se activan pero sin tener conexión alguna con el mundo. Este hecho ocasiona otro grave problema, los cajeros de los bancos no funcionan sin conexión a internet. Así de sencillo, no hay dinero. Si el wifi domina el mundo, cuanto más la red de ATM y la posibilidad de que el viajero obtenga dinero local en el más remoto lugar del planeta. Lalibela ha estado también desconectada del mundo económico y financiero.

Ayer fuimos agotando todas las reservas de birr que cargamos en la cartera con la esperanza de que el problema se solucionara a lo largo de la noche. No fue así. Para aumentar las dimensiones del problema esto se produce entre un sábado por la tarde y un domingo, cuando los bancos no están abiertos al público y nadie puede ofrecer información de cuando se solventará esta avería. No sabemos si el problema atañe solo a Lalibela o a un área mayor pero el banco más próximo no está a menos de 70 kilómetros de aquí.

Todo parece dibujarse en nuestra contra. El desayuno corre de cargo del hotel, de manera que a, menos garantizamos una comida. Apenas nos quedan 100 birr que pensamos invertir en algunas galletas y agua. También se ven alterados nuestros planes porque tan solo íbamos a permanecer un día en Lalibela y el hecho de no poder obtener dinero para pagar las entradas al complejo de iglesias excavadas nos hará permanecer un día más.

Así ha transcurrido el domingo de cristiana peregrinación por los cajeros automáticos de la villa, apenas son cuatro, uno estratégicamente colocado en la entrada del primer grupo de iglesias donde se adquiere el boleto para visitarlas.  Es sabido la perfecta comunión que iglesia y dinero tienen en todos lados independientemente de la confesión en cuestión. Si hay plata hay dios.

Sin embargo, como escribía hace días, todo ying tiene su yang y este caso no iba a ser menos. En  nuestro primer día en Lalibela hemos escalado las empinadas cuestas hacía el centro de la población, allá donde están los bancos. Es imposible andar solo en este país, siempre se te pega alguien que te saluda, te pregunta como estás, de qué país eres, dónde vas, cuál es tu nombre o simplemente te saluda y te da la bienvenida. También se pegan los nenes, pegajosos como moscas que van desde los que te hablan algo a los que directamente te piden "mani".

En ese ajetreo de espantar moscones andamos cuando se nos juntan dos chiquilines. Un niño y una niña. Se suman a nuestro paso cansino bajo el sol ya tenue de la tarde. Hablan un muy correcto inglés. Nos preguntan  y les preguntamos, nos cuentan y les contamos. Nos acompañan un rato en el paseo hasta que una vez en la piazza de Lalibela paramos a tomar un café. Los invitamos a unos batidos de frutas y seguimos charlando. Los niños son fácil de que nos calan y estos nos calan en ese espacio que las personas reservamos cuando alguien nos da buena onda.

Abtemo tiene cerca de 15 pero su cuerpo delgado y no muy alto no denota más de 12, su sueño es ser médico. Haitu es una linda nena que pronto cumplirá 14, huérfana, ayuda a su mamá vendiendo cruces ortodoxas como souvenir a los turistas, sueña con ser veterinaria. Su vida no es fácil pero cuentan sus circunstancias sin pena, sin apenas tristeza sino con el ánimo de quien se apresta a al lucha por vencer las dificultades. La vida no es fácil para muchos en muchos lados pero, en sitios como Etiopía, obliga a un lucha constante. Vivir no tiene treguas en estas latitudes.

Hoy hemos vuelto a quedar con ellos, tras que nos dejaran en la puerta de nuestro Guest House, en la noche anterior. El plan de la mañana era comprobar si algún cajero funcionaba con la intención de poder ver las Iglesias y emprender la marcha camino de Addis. No, tampoco funcionaron a la mañana. Abtemo y Haitu andan por la plaza, nos tomamos un café al refugio del sol que aprieta fuerte. Dejando pasar el tiempo a la espera de que Lalibela se conectara con el mundo. Haitu nos invita a conocer su casa, caminamos hacía el lado este del pueblo entre sus calles y sus gentes, hasta llegar a una especie de barranquillo, atravesamos la frondosa vegetación hasta llegar a una casa de adobe y chapa de color lila y verde.

Es una casa bastante grande pero Haitu vive con su mamá en una estancia de la casa. Abre un candado y allí está todo su hogar de apenas 3 por 1,5 metros. Los que no teníamos dinero por un fallo de internet estábamos sentados en un cuarto humilde carente de toda comodidad. Haitu nos hace café y nos trae de la casa grande, de la dueña que le alquila el cuartito, un plato de injera con lentejas y col. Una muestra de bondad, una cachetada de dignidad en el rostro de quienes abrimos puertas llamando solo con el poder del dinero.

Por la tarde, hemos vuelto a trepar por las vías de adoquines y en obras bajo la esperanza de obtener unos míseros birr. Siguen sin funcionar, no hay conexión. Apenas queda algo de dinero para otro café en "John Cafe" donde incluso, la señora que ha vivido nuestro problema estos dos días nos ofrece cenar a crédito. Otra cachetada sin mano que diría mi viejo. Nos despedimos hasta mañana de nuestros amigos Abtemo y Haitu.

Nos quedan 50 birr y optamos por gastarlos en cerveza en compañía de una pareja argentina que hemos conocido bajo la mismas  vicisitudes de no poder sacar "plata" del ATM. Cuatro Saint George  dan paso a otras cuatro más y a un montón de charla donde se conjugan África, los viajes, las aventuras, las anécdotas, la Historia y la política. Guardo los últimos birr para agua. Ya no queda nada. Hoy habrá que dormir sin cenar.

Abandonamos el café con un último intento de visitar la pantalla del cajero separado apenas cincuenta metros del lugar. Milagro. Lalibela vuelve a estar conectada al mundo. El cajero escupe billetes que recojo como quien espera el maná. Volvemos sobre nuestros pasos al "John Cafe".

Por fin hoy podremos cenar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario