Cansados del timo del taxi esperamos coger una de estas guaguas que cuestan mucho menos y tienen un toque exótico interesante...para qué negarlo. En espera del paso de uno de los furgones que lleve nuestro destino nos topamos con un señor etíope que nos indica que él debe tomar el mismo furgón. Un rato de charla y se identifica como guía legal del país. Allá que nos vamos con el colega hasta Meskel Avenue.
Se trata de una avenida amplia, con no menos de cuatro carriles por cada sentido, sin marcar en el asfalto, con un viaducto que lo recorre por un lado sobre el que va montado un tren ligero eléctrico y al fondo un sky line de inmensos edificios en construcción. Es domingo pero nada se detiene. Ese toque de modernidad traída por el capital chino se entremezcla con las formas propias africanas, andamios de palos que desafían toda lógica física, zanjas y boquetes sin tapar ni señalizar en aceras y calles. Modernos pero autóctonos.
Intentamos adquirir los billetes en una compañía y parece que todo está completo a cualquier destino del norte. Aquí saltan mis alarmas con la experiencia india con los trenes y empiezo a desconfiar de nuestro guía. Salimos de la oficina de la compañía y muy cerca vemos la Oficina de Turismo. Ahí nos informan de otra compañía en un edificio calle arriba.
Mientras subimos empiezo a ver unas montoneras de gente vestida de colorido modo y portando con banderas de etiopía y es que, aunque desde fuera no lo parezca, estamos junto al Addis Ababa Stadium. Me acerco a las filas para tirar unas fotos y preguntar a los jóvenes que allí aguardan su momento de entrar. Juega Etiopía contra Sāo Tomè por las clasificatorias para el Mundial. Algunas fotos más y seguimos en busca de nuestro billete de guagua.
Es la hora del almuerzo y la oficina cierra hasta las 14:00, así que aprovechamos para darle esquinazo al guía previo pago de unos birr y buscamos donde almorzar nosotros. Un poco más abajo hemos visto un sitio con buena pinta y allá que vamos. Oteo el horizonte de mesas circundantes hasta que veo un atractivo plato, pollo con pimiento verde en una salsa. Me lo pido pero con pan y cubiertos. Los platos etíopes suelen presentarse en una bandeja de metal y debajo llevan una capa de una especie de pan maleable que sirve a la vez para hacer pinza con los dedos y llevarlo a la boca. Este hecho requiere de cierta habilidad por lo que opto por los tenedores.
Volvemos a la agencia, al fin tenemos los billetes para partir mañana hacía la ciudad de Bahar Dar en la orilla sur del Lago Tana. Volvemos al estadio, sigue llegando gente, el partido empieza a las 16:00. Mucha presencia de militares perfectamente vestidos de camuflaje azul. Sigo tirando fotos por un lado y por otro. Las colas siguen siendo grandes mientras se controla a todo el que entra aunque a ratos se producen carreras en algunas de las puertas. Me dirijo a una taquilla, la de tribuna, 500birr por entrada (20€). Me lo pienso unos dos segundos y allá que vamos.
Nos da tiempo a un par de cañas y a meternos más en el ambiente antes de entrar en el partido. Nos cachean a la entrada y pa'dentro que vamos. El estadio es pequeño con una sola grada alrededor y una vetusta cubierta en nuestra tribuna. El césped ronda entre el verde oscuro y el blanco mientras detrás de las porterías podría esconderse un león sin ser visto. Le rodea una pista olímpica y en la grada lateral se alza un pebetero y los anillos olímpicos. En el fondo a nuestra izquierda hay un marcador, negro.
La tribuna lateral y los fondos son un carnaval. Camisetas verdes y amarillas que saltan de acá para allá y de arriba a abajo vociferando rítmicos cánticos que sugestionan al menos futbolero. Estamos sentados justo en la línea central, suenan los himnos, respeto y silencio. Si el partido fuera de lucha, ganaría Sāo Tomè. Pero es fútbol y en minuto dos ya "ganamos" 1-0.
Sigue el partido, los cánticos y los bailes mientras siguen cayendo goles hasta 3. Ganamos! Salimos del Estadio y permanecemos en el exterior para aprovechar unos cuantos disparos más. Hasta que sale un grupo numeroso, los más jóvenes, salen en tromba corriendo portando algunos de sus miembros a hombros. Así invaden la carretera, suenan las bocinas, los militares los persiguen un rato sin violencia pero con amenaza. Los hinchas siguen calle arriba, ya nadie los persigues. Ganaron también la calle.
Volvemos calle abajo, es hora de pizza y birras.
Mañana empieza la aventura del norte.
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